“Entre el estigma y la esperanza”
Bienveni@s una nueva semana a mi pequeño rinconcito👋
En esta actividad he querido ponerme en el papel de una educadora social dentro de una situación lo más real posible. Para ello, diseñé un prompt donde la IA adopta el rol de una mujer de 32 años con depresión mayor, madre de mellizos de 6 años, que lleva años sufriendo en silencio por el estigma hacia la salud mental, con dificultades económicas y sin apenas red de apoyo.
A partir de ahí, comenzamos una conversación simulando una intervención desde una asociación llamada SOL. Mi papel ha sido acompañar, escuchar, validar emociones y ofrecer recursos, tal y como intentaría hacerlo en un contexto real de Educación Social.
La IA que he decidido utilizar para esta actividad es ChatGPT.
Con esta práctica he querido comprobar hasta qué punto la inteligencia artificial puede ayudarnos a entrenar habilidades como la empatía, la comunicación o la intervención en situaciones de vulnerabilidad.
A continuación, voy a adjuntar el prompt que utilicé para iniciar la simulación, así como las diferentes imágenes creadas que reflejan la conversación y el proceso de acompañamiento:
PROMPT PARA CREAR IMAGEN:
“Crea una imagen realista que represente una conversación entre una educadora social y una mujer de 32 años con depresión mayor en una asociación llamada SOL. La mujer debe aparecer emocionalmente vulnerable, sentada frente a la profesional en un despacho acogedor. La educadora social muestra actitud empática, cercana y de apoyo. El ambiente debe transmitir calidez, confianza y acompañamiento. Añade detalles como una mesa con pañuelos, una libreta de intervención y elementos que reflejen trabajo social y apoyo familiar. La escena debe reflejar un momento de escucha, validación y esperanza.”
CONCLUSIÓN:
Realizar esta actividad me ha removido más de lo que esperaba. Aunque sabía que estaba hablando con una inteligencia artificial, en muchos momentos la conversación me resultó muy real. Me hizo reflexionar sobre la importancia de la escucha activa, del tono, de la validación emocional y de cómo pequeñas frases pueden marcar la diferencia en una intervención.
También me di cuenta de lo difícil que es sostener el sufrimiento de otra persona, aunque sea en una simulación. Hubo momentos en los que sentí impotencia, responsabilidad y la necesidad de “hacerlo bien”, lo que me permitió ponerme de verdad en el papel de educadora social.
Por otro lado, también he visto límites claros en la IA. Aunque puede simular emociones y responder con coherencia, no siente realmente, no percibe el lenguaje no verbal, ni puede captar matices como silencios incómodos, miradas o cambios sutiles en la postura corporal, que en la intervención social son fundamentales. Tampoco puede adaptar su intervención desde la intuición profesional o la experiencia vivida, sino que responde en base a patrones y datos.
Además, la IA no sustituye el vínculo humano. Puede ser una herramienta útil para entrenar habilidades, practicar entrevistas o reflexionar sobre casos, pero nunca podrá reemplazar la presencia, la calidez y la conexión real que necesita una persona en situación de vulnerabilidad.
Así pues, esta experiencia me ha permitido ver la inteligencia artificial como un recurso complementario en la Educación Social, pero no como un sustituto. Nuestra profesión sigue siendo profundamente humana, y precisamente ahí está su mayor valor.
Fuentes: Texto creado por mí y perfeccionado por ChatGPT.
Capturas realizadas por mí desde ChatGPT
Foto de las dos chicas creada por ChatGPT.

















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